miércoles, 25 de abril de 2012

oh darling


Muchas personas recordarán 1957 como el año en el que Malasia obtuvo la independencia de Gran Bretaña, la Real Academia Española eligió como nuevo académico a Camilo José Cela o en el que la URSS lanzó al espacio a la perra Laika.
Para mí la importancia de este año reside en el día 25 de abril. Nace en Sevilla el segundo hijo de un humilde matrimonio. Su nombre es Francisco Canales. Él es mi padre.
Un rubio niño que creció con el cariño de sus padres, las travesuras entre hermanos y algún contratiempo. Aquel que peleaba por sus hermanos y al que castigaban en el colegio.
Los años pasaron y conoció el verdadero amor en forma de acento canario y mirada penetrante, que demostró que las cosas no pasan por “casualidad”. Feria de Abril, las miradas soltaban chispas… y de repente era 14 de Febrero de 1982, el día perfecto para jurar amor eterno.
Pero dejémonos de historias, que muchas ya se cuentan en novelas de amor, pero pocos libros hablan de alguien como él. Faltan palabras para hablar de mi padre.
Quizás no sea perfecto, pero es ejemplar. Quizás se enfade y grite, pero le dura poco.
A lo mejor no es muy inteligente ni chistoso, pero a atento y cariñoso no le gana nadie.
Él cuida de sus tres princesas (bueno, sus cinco princesas) desde el minuto cero hasta la eternidad. Él busca cariño que no soy capaz de darle.
Él se cree que no lo quiero, pero no sabe que no solo lo quiero, sino que además afirmo que no hubiera podido imaginar la vida sin un padre así.
Se entristece al ver como sus pequeñas crecen y ya no queda mucho de esas niñas que se desvivían por él, que las malas contestaciones van en aumento y que cada una forma una vida paralela a la de él.

Él me enseñó a nadar, a montar en bicicleta y a jugar al baloncesto.
Él me hacía llorar cada vez que se marchaba a trabajar y para que me calmara me regalaba monedas de cinco duros.
Él me vestía, me ponía guapa y me llevaba y me recogía del colegio. Él iba conmigo al parque, me compraba Mars helados y se tragaba películas Disney en el cine aunque se quedara dormido. Él jugaba a los Playmobil, a las Barbies y a lo que fuera aunque estuviera cansado sólo para que yo estuviera contenta…
Bailaba con la música en el coche y yo me avergonzaba y nos reíamos juntos gritándoles a los demás conductores “papafrita” o “melón con pelo”.

Los años pasan, yo dejo de ser una niña y él comienza a hacerse mayor.
Y aún me sigue besando en la frente para darme las buenas noches, me sigue preparando la cama y me arropa para que no pase frío.
Es el único que me prepara mi comida favorita antes de irse de casa para que cuando llegara de trabajar me encontrara con la sorpresa. Va a hacer la compra y me trae porquerías que sabe que me encantan.

Ha sabido luchar por el amor como un campeón hasta el final. Su fe ha conseguido mover montañas, ha hecho lo imposible posible y ha dado todo por hacer feliz a su familia.
Quizás la vida no le ha dado todo lo que se merece, pero él ha sabido disfrutar de lo poco que ha tenido haciendo que fuera lo mejor.
Como hijo el mejor, el marido envidiable y el padre número UNO.
Papá, siento no ser tan buena hija como te mereces que sea,  no saber agradecerte con actos todo lo que has hecho y haces por mí o no tratarte de la mejor manera posible.
Nunca podré devolverte ni la mitad de que lo tú has hecho por mí.
Ojalá algún día encontrara para mí a un hombre tan bueno, tan generoso, tan atento y tan buen esposo y padre como tú.
Gracias por todo lo que has aportado a mi vida, por hacer de mí la persona que hoy soy.
Y si en algún momento no recuerdo decirte lo importante que eres y todo lo que te quiero, no te preocupes, siempre debes tenerlo presente.

Hoy, sin pelo y con arrugas de más, el hombre de mi vida cumple 55 años. 19 a mi lado, mano con mano, codo con codo, CORAZÓN CON CORAZÓN.

Hoy por ti, mañana también.
"Quizás para el mundo sólo seas alguien, pero para alguien eres el mundo" 

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