Como decía Aristóteles, los amigos son personas que comparten una sola alma, que se conocen y que se quieren. Querer a un amigo es quererse a sí mismo.
En estos momentos hay muchas almas buscando la verdadera pieza que encaja con ella, buscando el complemento perfecto para funsdirse en una sola alma.
Sabemos que esa búsqueda a veces implica ir probando y muchas otras veces nos hace creer que hemos encontrado la solución que al final resultó ser un fraude más. Pero después de recorrer un largo camino, hallas la pieza que se corresponde a la perfección contigo. Y sabes que es la correcta porque desde ambos lados saben aceptar defectos y virtudes, errores y aciertos. Saben que piensa el otro, que canción le gusta, que hacer para agradarle, cuando tiene un mal día para olvidar sus malas contestaciones. Saben perdonarse, olvidar y volver a comenzar. Saben valorar la amistad.
Sabemos que esa búsqueda a veces implica ir probando y muchas otras veces nos hace creer que hemos encontrado la solución que al final resultó ser un fraude más. Pero después de recorrer un largo camino, hallas la pieza que se corresponde a la perfección contigo. Y sabes que es la correcta porque desde ambos lados saben aceptar defectos y virtudes, errores y aciertos. Saben que piensa el otro, que canción le gusta, que hacer para agradarle, cuando tiene un mal día para olvidar sus malas contestaciones. Saben perdonarse, olvidar y volver a comenzar. Saben valorar la amistad.
Con suerte, y después de mucho camino recorrido, yo encontré tres ángeles (quizás no tan ángeles) que confirman la cita de Aristóteles.
Tan iguales, tan diferentes. Con nuestros más y nuestros menos. Siempre con corazón.
Tan iguales, tan diferentes. Con nuestros más y nuestros menos. Siempre con corazón.

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