martes, 18 de septiembre de 2012

dolor

Todos conocemos el dolor, el dolor en todas las formas y tamaños. 
Dolor; dolor muscular, una pequeña punzada en el estómago, dolor de cabeza tras una noche épica, dolor de pies después de ocho horas con esos taconazos que tanto te gustan...
Dolor; el gran dolor, el dolor del alma. Ese que puede ser nostálgico, con el que aprendes a vivir cada día.
Es un dolor que no puedes ignorar. El dolor más peligroso de todos, como un gusano que te va comiendo por dentro. Avanza por tu cuerpo evitando que muchas heridas cicatricen.
Te abraza, lo abrazas. Te habla al oído y coloca en tu cabeza imágenes en blanco y negro de algún momento ya pasado. Lo sientes dentro apretándote el corazón, cerrando tu garganta... provocando algunas lágrimas. Te anestesia y parece que no puedes echarlo fuera de ti. No controlas ese dolor y empieza a formar parte de ti y, por desgracia, muchas veces no sabes cómo ni por qué empezó todo. Y comienzas a morir lentamente, no por el dolor, sino por añorar todo lo que nunca volverá.



No hay comentarios:

Publicar un comentario