Es imposible describir la sensación que inundó mi cuerpo al
escuchar los primeros acordes de Leones una noche de viernes, cuando dos
lágrimas caían por mis mejillas y se clavaba hondo eso de “nos matábamos tal
vez, nos moríamos de sed… Nadie los dos a la vez, midiéndonos como dos leones y
al final dos heridos graves”. Cuando tu grupo favorito empieza con una canción
que marca tanto no importaría morir en ese momento. Me colgué de las voces de
Rubén y Leiva y nos convertimos en Animales sin que nada nos parase. Después
vino Manager y en la siguiente me recordaron que yo Quiero hacerlo esta noche
contigo, porque nunca he conocido a nadie como tú. Y entonces llegó el momento
en que me recordaron que tengo una paja mental que no sé de qué va, Como lo
tienes tú… para después ponerme a saltar con Yo nací para estar en un conjunto.
Tenía los pies mojados y es que con los pies fríos no se piensa bien,
recordando que en la avenida de la Estrella polar eran preciosos los besos.
Les gritaba: estás sobre aviso ¡VOY A COMERTE! mientras fumaba
incumpliendo las normas, porque yo tengo el alma Pirata. Mi corazón ardía como
el Windsor en esos momentos, no me creía que estuviera allí, soñando y fluyendo
como el agua. Yo fan, fan fatal como una quinceañera que había estado pasando
calor a las 4 y 26 mientras bebía tinto de verano me volví a emocionar mientras
sonaba Amelie, pensando que muchas veces esos aviones a punto de salir me
salvan de la tristeza. Entonces volví a saltar mientras me acordaba de la
innecesaria necesidad de la amistad con SUPERHERMANAS y tenía en mente a mis
pequeños a miles de kilómetros. Y cuando pensé que no podía ser tan genial,
Leiva pronunció los nombres de mis cuatro chicos de Liverpool, sintiéndome más
cerca de los Beatles que de tus discos de jazz.

Cogiendo altura volví a sentirme una completa adolescente
con
Llévame al baile y las primeras frases de aquel
Violento amor, haciendo que
me asegurara que nunca había sentido tanto con la música hasta que aparecieron
con algo para cantar. Y volvieron a tocarme la vena con
Pienso aquella tarde,
con el corazón a punto de salirse del pecho por eso de arrepentirse de todo y
sentirse solo. El recinto vibraba y los flacos me hacían sentir, mientras
homenajeaban la ciudad, que Vistalegre en esos momentos era mi rincón favorito
de
Madrid y que yo dejé una isla atrás para convertirme en una
Lady Madrid. Fui
ganando velocidad y supe cómo se sentía
Margot, sin frenos, a contrarreloj.
Son dos killers, ¿para qué quería más? Júntanos al camino
otra vez antes de matarnos. Todo era una Aproximación a lo que venía después
para romperme los esquemas con Por mi tripa.
TODO era tan de verdad, tan lleno de magia… porque yo con ellos quiero TODO,
TODO, TODO. Una canción que también marcó mi vida y empuja a buscar a ese chico
que vuela, vuela, vuela contigo. Después de tanto romanticismo y con el público
en el bolsillo Que parezca un accidente volvió a ponernos a saltar como unas
Grupis deseosas de entrar al camerino y a las que les tiemblan las piernas al
verlos con esas poses like a Rolling Stone.
Con una despedida improvisada y llena de emoción se
retiraron del escenario mientras se coreaba ¡Otra, otra, otra! y aparecieron
minutos después sin camiseta para convertirse, con las cuerdas de las guitarras
a punto de romperse, en auténticos rockeros con Señor kioskero y contarnos que
los superhéroes también son unos Superyonkies. Y con sus pintas se despidieron
de sus fans transmitiendo buen rollo y diversión, dejándose Princesas en el
tientero, poniendo punto, quien sabe si final, a su espectacular actuación.
Ellos, los chicos que han puesto banda sonora a mi vida.
Esas canciones que empezaron en Alameda de Osuna y han dado la vuelta al mundo.
Ellos, los chicos que me hacen vibrar, hicieron un paréntesis para regalarme
una de las mejores noches y recordarme que “Pereza siempre están, Pereza somos
todos”.