Vivimos en un mundo en el que la opinión general es que está
regido por el egoísmo y el odio. Estamos rodeados de un pesimismo colectivo, de
lamentaciones por lo que nos falta, quejas por lo que la vida no nos ha dado. Perdemos el tiempo pensando en el problema en
lugar de hallar la solución, dejamos de buscar la felicidad porque una vez algo
salió mal y nos estancamos en ese cúmulo
de fatalidades. A veces parece que no podemos controlar nada de esto ni todo lo
malo que ocurre en el mundo: terremotos, guerras, tsunamis, reallity shows…
Pero siempre debemos recordar lo que si podemos controlar: el perdón, las
oportunidades, los nuevos comienzos o el camino a seguir. Y es que lo único que puede hacer que el mundo
tenga algo de sentido y deje de ser un lugar solitario para convertirse en un
lugar maravilloso es el amor, el amor en cualquiera de sus formas. Porque
aunque pensemos que el odio es lo que conforma el mundo, nadie sabe que amor
tiene más resultados que odio en Google.
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