lunes, 27 de febrero de 2012

solidaridad?

"Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras
para el que no obra de acuerdo con ellas"
(Buda)

A nuestros oídos suelen llegar palabras o frases como "Si yo hubiera estado alli le habría ayudado", "Me encanta ayudar a las personas", "Generosidad ante todo", "Puedes contar conmigo" y un largo etcétera por parte de muchas personas. Sin embargo, son esas mismas personas las que confirman ese dicho tan conocido:
-LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO-
Son esas mismas personas las que pasan todos los días frente al mismo mendigo y nunca le han dado ni un céntimo, las que no te hacen un solo favor, las que piden mucho y nunca dan, las que están viendo a alguien en peligro y ni se inmutan, las que ni se dan cuenta cuando lo estás pasando mal, las que a veces hacen las cosas por obligación...
Son esas mismas personas las que nos hacen ver que sin hechos esas frases no tienen ningún valor.
Para ser solidario no hay que hacer grandes cosas como la sociedad tiene entendido actualmente, solo basta con empezar por cosas pequeñas pero llenas de valor: Sonríe a la gente por la calle, sujeta la puerta del metro al que viene detrás, escribe una nota dando ánimos a ese compañero que no ves muy bien, recoge la bandeja cuando vas al burger, transmite amor por donde quiera que vayas, vete a ver con tu amiga esa peli que tanto le gusta y que tu detestas, perdona, da los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches, dile a tu amiga lo guapa que está antes de salir...
Y algún día, cuando realmente sientas que has ayudado a los demás con pequeños detalles, podrás realizar la que para ti sea la más grande y maravillosa acción. Entonces será cuando todas estas frases recobren su sentido y verdadero significado.

Recuerda, son tus actos los que te definen, no las palabras.



jueves, 16 de febrero de 2012

maldita dulzura la nuestra


Tú y yo sentados en tu cama. De fondo Vetusta Morla con “Maldita dulzura”. Esa tarde sonaba diferente, cada palabra empezaba a cobrar sentido colándose en nuestros corazones y la melodía nos mantenía en silencio. Uno al lado del otro, mirando hacia el frente con la mirada perdida  y rozando nuestras manos. La canción nos pedía que habláramos pero para nosotros los actos hablan por sí solos. El roce de las manos paso a ser un fuerte y constante apretón.
“Hablando pasan los días que nos quedan para irnos”… Y justo en ese instante dejas de mirar al frente para mirarme a mí. Noto que me observas e intento seguir manteniendo la mirada en esos rayos de luz que se cuelan por la ventana. Ya no sabía si las lágrimas salían de mi alma o era a causa de la luz cegadora. Y ahí seguías tú, observando mi silencio con esa camiseta de Jim Morrison que tanto me gustaba. Tu habitación, nuestra habitación como escenario. Ese lugar que vio florecer una desbocada pasión que aún no sabemos si se convirtió en amor.
La canción va acabando con ese verso: “Maldita dulzura la nuestra”, y es entonces cuando decido girar mi cabeza dejando que nuestras miradas se cruzaran unos segundos; desee que ese momento durara eternamente.
De mi boca salieron las mágicas palabras: aprovechemos el tiempo que nos queda. Y empezamos bien, sellando aquel momento con el beso más puro de todos los que nos dimos y acabando la tarde contándonos los lunares entre calada y calada.
 

lunes, 6 de febrero de 2012

y ahora se...

Los días pasan volando. El frío aumenta y se mezcla con los recuerdos, que no se congelan sino que siguen ahí, intactos. Los apuntes se amontonan y entre exámenes continuan los cafés sin cigarrillos a medias... Los Beatles suenan en la habitación y todo se ilumina con un grandioso
"Here comes the sun".