Sé cómo empezó este año pero no supe de qué forma iba a continuar; no supe que en cuestión de meses algo que había tardado años en construirse se desvaneciera por completo. No sé cómo será este 2011, no sé como empezará ni como continuará, sólo espero que sea mejor que el anterior y que todo se quede como está.
viernes, 31 de diciembre de 2010
balance
Dejamos otro año atrás y abrimos paso a uno nuevo, temblorosos, sin saber cómo será. Este año 2010 empezó en buena compañía, con un enfado que acabó en llantos (como no, María José como siempre enfadada y llorando) pero sin saber que ese nuevo año iba a estar repleto de cambios. Han sido 365 días, cada uno de ellos diferentes unos de otros, que han ido pasando a la velocidad de la luz, casi sin darme cuenta. Comparándolo con otros años, el 2010 ha sido el de los cambios, ya que he experimentado miles en todos los sentidos. El invierno fue pasando con normalidad, vino la primavera y así, sin más, me vi en hermosas situaciones con personas maravillosas de las que he aprendido muchísimo y que cada día que compartía con ellas me demostraban lo valiosas que eran y lo afortunada que era por haber podido vivir esos momentos. También se puede decir que me crucé con alguien en el camino y me enseñó a ver que había algo más allá de esas pequeñas cosas, de esa vida material y egoísta; y fue justo en ese momento cuando me di cuenta que estaba viviendo en una burbuja, que había estado preocupándome por detalles insignificantes mientras le daba poca importancia a algo que la tenía verdaderamente y de la que había pasado durante un par de meses. Disfrutaba, me divertía, “trabajaba” de un modo especial y me iba dando cuenta de todo aquello a lo que antes no le prestaba atención. Y llegó el verano… Ay el verano, menuda montaña rusa fue esta estación. Esta fue la verdadera época de los grandes cambios, ¡hasta yo pasé de rubia a morena! Todo era un vaivén, a veces todo estaba genial y otras veces no sabíamos que hacer. Fue aquí cuando empecé a conocer gente nueva, pequeñas personitas que se hacen querer y que tienen un enorme corazón, que contagian con su alegría, que parecen no estar nunca enfadados y que como yo intentaba, no le dan importancia a esos pequeños detalles. Salí un poco de esa rutina que había seguido durante tanto tiempo y parecía que todo podía ser compatible. Hicimos cosas todos juntos, ya saben, esas típicas cosillas que se hacen en verano, experimentamos algo por primera vez colados en un apartamento jajaja, fuimos de fiesta, estuvimos en el BIG riéndonos toda una noche con los cubanos y nos fuimos al karaoke de LaCiel, así, todos juntos… y yo, yo puedo decir que disfrutaba y me encantaba todo. Pero bueno, aunque me esforzara ya nada era igual que antes, sin percatarme había estado perdiendo durante meses algo muy importante, y aún así, yo no encontraba respuestas a todos esos problemas. El verano acabó y empezó mi última etapa de instituto, los árboles empezaron a perder sus hojas y yo terminé de perder aquello que siempre fue imprescindible; exacto, el otoño llegó a mi vida. Me empeñé en seguir adelante, en dejar de mirar el pasado y seguir todo con normalidad, como lo había llevado hasta ahora. Y así fue, me centré en mis cosas, en mis estudios, y siguió llegando gente nueva a mi vida (lo que no quiere decir que me olvidara yo de lo antiguo). Entonces, otra vez sin darme cuenta, ya era de nuevo invierno y todo terminó por congelarse, de nuevo es Navidad y no hay nada semejante a la pasada. Un año, tan solo 365 días en los que ha girado todo hasta convertirse en algo completamente diferente. Lugares nuevos, viajes, éxitos, grandes experiencias, gente fantástica, fracasos, pérdidas… Ahora si puedo afirmar lo de “año nuevo, vida nueva” jajajaja. Pero bueno, nunca es tarde para nada, quizás los cambios fueran lo mejor para mi, o no, pero siempre hay que saber sacar el lado positivo de lo que nos pasa y de lo que va surgiendo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario