"Deberíamos vivir esperando mucho menos de los demás, y mucho más de nosotros mismos”
¡Que problema! Y... ¡cuánta razón! Nosotros, las personas, solemos esperar demasiado. Esperamos demasiado y lo idealizamos todo: esa película de la que habla todo el mundo, el próximo CD de tu cantante preferido, la fiesta a la que vas a ir el sábado o ese viaje que llevas toda tu vida deseando hacer. Sin embargo, estos ejemplos resultan insignificantes cuando lo que esperamos demasiado tiene que ver con otras personas. Gran error. Esperamos (y me repito porque de verdad convertimos la vida en una espera constante) que las personas que nos rodean piensen o actúen de la misma forma en que nosotros lo haríamos. Pensamos que van a tener ese detalle que quieres que tengan, que te van a apoyar cuando lo necesitas, que estarán pendientes de ti...
Y claro, te das cuenta de que el resto de la humanidad no es igual que tú, que no te van a dar siempre lo que necesitas y muchos menos de la manera en que tu lo harías con ellos. ¿Y qué pasa? Que ese vacío que deseabas llenar se ve envuelto en la más profunda de las decepciones.
